Por: Ada Sofia Nuila
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¿Yo nací para sufrir? ó ¿yo nací para ser víctima del llanto? ó ¿yo nací para no ser amada y traicionada…?
Fueron las preguntas que me hice, al
darme cuenta que el hombre que decía amarme, ser cristiano de corazón,
que cuidadosamente supo tener a dos mujeres al mismo tiempo y cuidar que
su testimonio de cristiano no
fuese enlodado; me era compartido con otra que es cristiana y servidora
de una reconocida iglesia evangélica que tenía conocimiento de mi
existencia en la vida de él, a la que con las mismas palabras que me
endulzaba a mí el corazón,
le recetaba a ella. Pero Dios puso en mi corazón, que no soy quién, ni
puedo juzgar como sucedieron las cosas y como de una relación de dos
paso hacer de tres, lo que sé, es que encontré el propósito de Dios para
mí
vida...
Posteriormente le di la
oportunidad de reconciliarnos con la fe que DIOS restaura todo y que el
cordón de tres dobleces no se rompe fácilmente, él afirmando una tarde
que había terminado
su relación con la amante, pues me amaba, no quería perderme, y un sin
fin de promesas, que resultarón ser un abanico de mentiras y
sentimientos bien preparados y fingidos...
Pero
fue duro darme cuenta
a través de las redes sociales, él seguía con ella y que en ningún
momento la había terminado y su único interés era consegir trabajo a
través de mí, y seguir utilizandome una vez más para
sus propios intereses materiales. Teníendo, el valor de seguirme
buscando hasta la fecha.
Amiga, no sé tu nombre, ni de dónde eres, o que situación está afrontando, pero esta es mi historia, en medio del dolor de
la traición y pérdida, quiero decirte algo a ti, que estás a punto de recibir estas palabras:
TÚ
ERES UNA MUJER DE DIOS, Jesucristo te ha elegido a tí, y a mí entre
muchas, con un
propósito PODEROSO (Yo dude, como tú lo haces ahora), no entendía cuál
era el mi propósito, ni porque Dios permitió tanto sufrimiento en mi
vida.
Con
tanta experiencia
y dolorosa he aprendido, aunque no lo creas, que las mujeres somos
atacadas, golpeadas, menospreciadas, ultrajadas, engañadas,
traicionadas, burladas no porque Dios lo permita y nos esté colocando
pruebas, si no por el simple hecho que tenemos
una lucha constante con quién no quiere que estemos agradecidas con
Dios por las bendiciones, paz y amor que encontramos al acercarnos más y
más a Dios.
Quizá seas escéptica,
pero existe
en medio nuestro un enemigo espiritual, que te quiere ver triste,
desolada, deprimida, y en constante sufrimiento, ¿quieres saber por
qué? porque tú y yo le damos cabida, dejando de buscar a Dios como
centro de nuestra
vidas, dejamos de congregarnos y especialmente no estamos alimentando
nuestro espíritu con oración, ayuno y lectura de la palabra. Pues como
encontramos en el libro: El poder de la mujer que ora, la oración te
nutre, la lectura de la Biblia
te fortalece y como encontramos en la Biblia un mandato de Dios que nos
dirige a la oración constante en Lucas 21:36 "Velad, pues, en todo
tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas
cosas que vendrán, y de estar
en pie delante del Hijo del Hombre" Al leer ese pasaje de la Biblia, me
di cuenta que Dios es mucho más que un padre, es todo aquello que
necesito en la tierra, un amigo, novio, esposo, proveedor, confidente,
etc. Pues en: 1 Juan 5:14, esta
la respuesta del porque debemos orar y en la oración encomendar a esa
persona que nos ha destrozado y hecho sufrir y en ese versículo
encontramos: "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme
a su voluntad, él nos oye".
Entrégate
por completo a Jesucristo, cierra tus ojos y dile cuanto dolor y
amargura hay en tu corazón y de cómo esa situación
está afectando tu vida personal, desahógate con Dios, pon tu vida
entera y déjate gobernar por él, y el enderezara tus caminos y todo lo
que te fue quitado se te devolverá como recompensa de aceptar a Dios
como tu salvador
personal.
Después de ello sabrás
que, tú, una mujer siendo una hija del todopoderoso, llena del espíritu
de amor, poder, y dominio propio, tomando el lugar que le corresponde en
este mundo, gritando
un “ya basta”, a las dudas, al temor, al abuso y te mires al espejo y digas: Dios me ha hecho inteligente, con carácter, bonita, fuerte, valiente, ¡soy vencedora en Jesús!
El mundo ha querido humillarte, pero hoy Dios te dice: “…eres preciosa a mis ojos, eres estimada, y yo te amo… No temas, que yo estoy contigo …” Isaías 43:4

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