El rencor
tiene dos elementos: Primero la Falta de Perdón y segundo el Deseo de Venganza
u Odio, cuyo elemento en común es: Guardar en el corazón esos sentimientos, y
los hemos experimentado cuando NO podemos perdonar a quienes nos han hecho daño
u ofendido, y este se agrava cuando lo guardamos en nuestro corazón con deseos
de venganza u odio y es ahí donde sentimos rencor.
La falta
de perdón a una ofensa, produce ira, la ira trae el resentimiento, este a su
vez, da lugar a la amargura.
Es cierto
que la vida no es justa, que hay gente que lastima, que te han hecho daño y que
no merecen tú perdón. Y pensarás que no he experimentado un dolor como el tuyo
o no me han lastimado lo suficiente para entender la sensación de enojo,
confusión, venganza y malestar que atrae cuando hemos sido dañadas. Y la
respuesta es ¡Sí!, de maneras terribles, el más reciente me hizo perder una
vida, la paz, tranquilidad y me alejo de mi familia, pues jugaron con mis
sentimientos de la manera más vil.
El luto, dolor
de pérdida de un ser, soledad me hizo buscar insaciablemente a Dios, porque buscaba
una respuesta pronta y al inicio no me fue fácil, pero orando, leyendo la
biblia, ayunando y congregándome en la iglesia Dios Todopoderoso, me ayudo a
entender que el rencor no es un sentimiento agradable porque cada vez que
piensas en la persona o en la circunstancia que lo provocó, vuelves a
experimentar todas esas sensaciones desagradables que te intoxican, porque te
causa estragos físicos en tu salud física, emocional y en tu mente, pues la
misma biblia habla de la intoxicación que la amargura y rencor producen en la
personas: “Mirad bien, no sea que alguno
deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os
estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:15).
Pero a medidas que vas
orando, te vas liberando y el espíritu de Dios empieza a inundarte de pensamientos
de bondad, pues al estar orando, ayunando, leyendo la biblia y congregándote,
pidiendo a Dios, te das cuenta que Dios te insta a que perdones para que no
vivas amargado al decirnos: “Perdonándoos
unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. (Efesios
4:32) un mandamiento ¡terrible! Porque dentro de ti, hay de todo menos el deseo
de perdonar pero te preguntas:
¿Qué hago con esas heridas?
¿Cómo saco este rencor? ¿Cómo perdono?
Muchas de nosotras nos encontramos
atrapadas en medio de culpas, pesares y rencores, queriendo poder perdonar pero
“no podemos”, porque simplemente nuestras expectativas son equivocadas acerca
del perdón. Dios en su inmenso amor y poder no nos da potestad para sanar
heridas a través del deseo de venganza, si no que a través del amor y nos prohíbe
guardar rencor diciéndonos “No te
vengarás, ni guardarás RENCOR a los hijos de tu pueblo, sino AMARAS a tu
prójimo como a ti mismo”. (Levítico 19:18).
El perdonar es algo que haces por
ti mismo, no por la persona que te hirió, si más bien porque Dios te ha
perdonado primero; porque al perdonar
nos volvemos bondadosos y amables con nuestro semejantes. El mejor regalo que
tú recibiste si eres cristiano
fue el perdón de Dios y si Dios te ha perdonado, Dios espera que tú perdones, tal
y como nos lo dice la escritura: “Sed más bien amables unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en
Cristo.” (Efesios 4: 32). Tu nunca tendrás que perdonar a otra persona,
más de lo que Dios ya te ha perdonado.
Cuando perdonamos obtenemos
recompensa y esto lo encontramos en la biblia al leer y actuar pues debemos “amar a nuestros enemigos, y hacer bien, y
dar prestado sin esperar recibir nada a cambio. Así será grande su RECOMPENSA,
y ustedes serán Hijos de Dios, que es también bondadoso con los desagradecidos
y malos”. (Lucas 6:36). Una recompensa de cuando perdonas es que te liberas a ti
mismo para vivir con tranquilidad, paz, gozo, alegría, fortaleza, con nuevas
perspectivas, agradecida con Dios y con salud de mente, cuerpo y espíritu.
Por: Ada Sofia Nuila
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